Hace unas semanas que compré el Wii y el Smash Bros, se iniciaron esbozos de un plan macabro de reunión KMS para pasar un rato jugando con mi nueva consola y el X360 de Nestor. Lo que parecía como una idea al aire, al final tomó forma y se llevó acabo ayer. Me llevé una sorpresa.
Era de esperarse que fuera el mejor de la sala en todos los juegos de Nintendo por el simple hecho de que llevo bastante tiempo jugándolos. También me esperaba una reunión muy agradable, donde los juegos sólo fueran pretexto para pasar un buen rato y por supuesto que las muchachas no tuvieran ni la menor idea que hacer con el control (al menos en Brawl, que es algo complicado sin nociones). Pero hubo algo que de verdad me sorprendió, lo mucho que disfruté jugar con ellas (sin albur, malditas malpensadas).
Era la esencia de un videojuego en toda la extensión de la palabra, diversión pura. A nadie le importaba ganar, nadie se enojaba por perder, risas y más risas por golpear, caerse de la plataforma, recibir o dar un buen golpe, caer en una explosión y demás situaciones que pocos juegos te pueden dar y Smash es uno de ellos.
Parece que lo que escribo arriba puede ser un poco obvio, digo, para eso son los videojuegos, para divertir, pasar un buen rato y reírse de pendejada y media. Lo sé, así los vivo, sin embargo, existe algo que en ocasiones tiende a manchar un poco el objetivo primordial de este entretenimiento. Se llama competitividad.
Competir no es algo malo, al contrario, me parece que se puede aprender y superarse gracias a esta necesidad natural de ser mejor que el adversario. El problema radica que, cuando se compite en algo dirigido a la diversión, esta puede llegar a ser arruinada. Nestor hacía comentarios constantes sobre como nos iba a vapulear, pero carecían completamente de prepotencia o cualquier sentimiento de superioridad que pudiese tener, todo era por "el espíritu deportivo", como él mismo mencionó y esto le daba un sabor agradable al juego.
En lo personal, me gusta tener un nivel ampliamente competitivo en ls videojuegos que más disfruto, por ejemplo, el mismo Smash Bros, Mario Kart o Winning Eleven y aunque cuando me toca perder en esos juegos no demerita mi grado de diversión, si llego a tener un sentimiento de "quería ganar" y eso termina por atentar un poco contra el objetivo del pasatiempo y en ocasiones, cuando es más grave la derrota, puede llegar a convertirse en frustración, es ese momento se termina lo entretenido.
Últimamente he estado tratando de deshacerme de ese sentimiento de desazón, no pierdo la competitividad, pero me mantengo conciente de que lo que estoy haciendo es para pasar un momento agradable, hay muchas cosas por las que se puede sentir frustración, algo que se hace por voluntad, debe carecer de ella. Creo que me di cuenta de eso en el momento en el que azoté un control de mi Game Cube contra la barda por haber perdido una pelea que tenía ganada contra mi hermano, los controles son caros... la terapia lo es más.
Ayer tuve esa revelación. Ganar era insignificante, hacer mi pelea mientras le gritaba a todos como moverse, soltar el control para decirle a Isis como dar un golpe fuerte, gritarle desesperadamente a Elizabeth que usara un poder que me afectaría a mi también o decirle a Andrea una y otra vez donde estaba su personaje eran acciones igual de divertidas (o quizá más) que luchar uno a uno contra alguien de mi nivel.
Es obvio que voy a seguir disfrutando de la competencia de buen nivel y de verme las caras con sujetos que sean mejores que yo. Pero al menos ahora, me es más fácil entender el concepto de jugar por divertirse sin necesidad de perder el deseo de ser el mejor. Creo que se pueden separar fácilmente, los enfrentamientos por el orgullo de los desmadres por diversión.
Espero más retas con los KMS.










